viernes, 9 de julio de 2010

Tiempo vacío

El tiempo pasa... y nosotros seguimos ahí, aparentemente quietos. Miramos a nuestro alrededor y vemos como crecemos y como van cambiando las cosas. Lo que antes era extremadamente divertido se queda en un "bueno", lo que antes era terrorífico se nos acaba quedando en un "¡qué cosa más fea!", a los que considerábamos nuestros amigos se quedan en simples amiguetes o compañeros, con lo que jugábamos o lo que veíamos se quedan simplemente en "cosas de niños", las peleas chico-chica ahora pasan a ser un "te quiero", las peleas de hermanos se acaban echando de menos, lo que nos resultaba muy difícil en el colegio ahora nos resulta pan comido, las heridas que teníamos eran solo físicas, caídas y golpes, y muchas cosas que nos parecían inalcanzables, solo algunas, logramos poder alcanzarlas...

Pero los peores golpes se van recibiendo mientras uno va creciendo a medida que nos vamos dando cuenta que todo lo que tenemos alrededor no es ni "Happy World" ni "Cachi piruli piruleta". Y las decepciones amorosas, familiares, económicas, escolares, amistosas que nos llevamos... muchos sueños e ilusiones rotas. La pérdida de amistades y el darnos cuenta que realmente son pocos los verdaderos amigos que poseemos; y que esos pocos, que por situaciones tan típicas, como el acabar a muchísimos kilómetros de distancia entre uno, acaban por difuminar y deteriorar la amistad que hubo una vez. Y nos vamos dando cuenta que nos vamos quedando solos, solo, con uno mismo y con sus miles de recuerdos a recordar que lo único que hacen son provocar una gran nostalgia y darnos a pensar que tiempos pasados fueros mucho mejores.

Luego está el tema del dichoso amor... Enamorarse de la persona equivocada, ilusionarse con alguien pero que la DICHOSA distancia destroce cualquier esperanza o posibilidad, el no sentirse querido por los demás (pero no necesariamente ese mismo "querer"), el deseo de experimentar y de conocerlo, el no atreverse a intentar nada, el miedo por el qué dirán... Que los príncipes, princesas, ¡o lo que sea!, azules no existen.

Y luego está ese tiempo vacío... Días de verano en el que no se hace nada de provecho, en donde te asfixias de calor, en donde los días pasan y te sienten culpable por no estudiar lo que debieras, en donde te sientes solo y llegas a echar de menos las clases. Días vacíos, que te dan a pensar que eres un completo inútil y en donde el aburrimiento abunda por todos los lados, en donde te hartas de las cosas que parecían imposiblemente aborrecibles. ¿Qué estoy haciendo con mi vida?, llega a pensar uno. Demasiado tiempo libre... tiempo libre para pensar, rayarse y echar muchas cosas del pasado en falta. Tiempo para pensar en lo desdichado que es uno, y que visto lo visto las cosas no cambiarán demasiado a mejor.

Lo prometido es deuda, pero... os debo una entrada muy importante en donde comentaré lo sucedido de Túnez hasta ahora.

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